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Archivos de Investigación Pediátrica de México Suplemento Especial: Los Probióticos en la nutrición CONFEDERACION NACIONAL DE PEDIATRÍA DE MÉXICO |
Prof.
Msirano García-Garibay
Departamento
de Biotecnología
Universidad
Autónoma Metropolitana, Iztapalapa
Apartado
Postal 55-535 México D.F., 09340 México.
Correo
electrónico: jmgg@xanum.uam.mx
Se
entienden como probióticos a microorganismos vivos incorporados como
suplementos a algunos alimentos para beneficiar la salud huésped humano o
animal a través de mejorar el balance de su flora intestinal. Los probióticos
son cultivos simples o mezclados de estos microorganismos, los cuales al ser
consumidos por humanos o animales, sobreviven al paso por el tracto
gastrointestinal y se implantan en el colon o intestino delgado, y afectan
favorablemente al huésped en términos de salud.
Aun
que existen presentaciones farmacéuticas de probióticos (como tabletas, cápsulas
o polvos), y en principio muchos alimentos podrían ser utilizados como vehículos
de éstos, tradicionalmente las leches fermentadas han sido utilizadas como la
principal vía de administración de probióticos, y las bacterias más usadas y
estudiadas son bacterias lácticas, microorganismos estrechamente ligados a los
productos lácteos.
En los últimos 10 ó 15 años se ha desarrollado un creciente interés por las bacterias con características probióticas en los humanos, tanto en el sector científico como en el industrial, particularmente en los países europeos y en Japón, y un poco menos en EUA y Canadá. En México está iniciándose un importante auge en el consumo de leches fermentadas con probióticos tipo Yakult, de las cuales existen al menos cinco marcas de productos comerciales. Adicionalmente, Nestlé ha lanzado este año una línea de fórmulas infantiles con probióticos, y existe también un incremento en la oferta de productos en presentaciones farmacéuticas en tiendas especializadas.
La
leche es un producto natural cuya función es servir como alimento durante la
primera etapa de la vida cuando se debe sostener un crecimiento acelerado. La
leche es además un alimento muy versátil, ya que mediante diversas operaciones
y procesos puede transformarse en un gran número de derivados, entre ellos
denominados genéricamente leches fermentadas. El consumo humano de leche y
productos lácteos de otras especies es tan antiguo que es imposible establecer
su inicio. La transformación de la leche en otros productos, como leches
fermentadas, es también antiquísimo y muy variada, a la vez que ampliamente
distribuida en todo el mundo. La fermentación de la leche ocurre ya sea en su
estado natural, o cuando ha sido modificado de alguna manera, por ejemplo
descremada o concentrada, lo cual implica la interacción de algunos
microorganismos con ésta, modifican
so sabor, consistencia, y muchas veces mejorando algunas de sus características
como su digestabilidad, valor nutritivo, etc. Esta fermentación puede llevarse
a cabo por diversos microorganismos solos o sus combinaciones, lo cual da origen
a la gran variedad de leches fermentada existentes.
El
grupo de microorganismos más importante es el de las denominadas bacterias lácticas,
las cuales intervienen en un gran número de fermentaciones de alimentos, como
los quesos, aceitunas, salami, etc., pero en algunos casos también intervienen
otros tipos de microorganismos como las levaduras.
Existen
en todo el mundo más de 400 leches fermentadas ( Kurman et
al., 1992); en este espacio se revisan unas cuantas: la que se producen y
consumen en México. En nuestro país se fabrican industrialmente yogurt, Yakult
y productos similares, jocoque (conocido en otros países como <<
buttermilk >>), y jocoque árabe
o labne, siendo el yogurt el más importante, ya que su consumo puede estimarse
en de 160 mil toneladas por año. En forma casera hay también en México
fabricación de leche fermentadas como los búlgaros (conocido en otras partes
como kefir), además el yogurt, jocoque y labne.
En
la Tabla 1 se describen las
principales características de estos productos, incluyendo las especies de
microorganismos que las fermentan; posteriormente se revisan con más detalle
las características de estos productos y sus procesos de elaboración. Las
leches fermentadas además de su amplia aceptación como alimentos nutritivos,
sabrosos y convenientes, han sido utilizadas en forma creciente como el
principal vehículo para las bacterias con características probióticas en los
humanos en el transcurso de la última década, particularmente las bacterias
que tienen la capacidad de implantarse en la flora intestinal como algunas
especies de bifidobacterias, Lactobacillus casei o Lactobacillus acidophilus.
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Principales características de las leches fermentadas elaboradas en México |
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PRODUCTO |
SINÓNIMO O PRODUCTO SIMILAR |
MATERIA PRIMA O TRATAMIENTO ESPECIAL |
MICROORGANISMOS |
TEMPERATURA DE FERMENTACIÓN |
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Yogurt |
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Leche concentrada antes de fermentar |
Str. thermophulus y Lb. delbruekii subsp. bulgaricus |
40-45ºC |
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Yakult |
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Leche descremada diluida |
Lb. casei subsp. casei |
37ºC |
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Jocoque |
<<Buttermilk>> leches escandinavas |
Leche decremada o suero de mantequilla |
Lactococcus lactis subsp. lactis y Leuconostoc mesenteroides subsp. cremoris |
22ºC |
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Búlgaros |
Kefir |
Maduración después de fermentar |
Simbiosis microbiana atrapada en la matriz de polisacárido: Lb. kefir, Candida kefir, Leuconostoc mesenteroides subsp. lactis Lb. casei subsp. casei |
22-25ºC |
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Labne |
Jocoque árabe, labneh, lebneh |
Concentración después de la fermentación |
Str. thermophilus y Lb. delbruekii subsp. bulgaricus |
40-42ºC |
Las
leches fermentadas han sido consideradas desde hace muchos años como alimentos
benéficos para la salud. A finales del siglo XIX, Ellie I. Metchnikoff sugirió
que el consumo de leches fermentadas como el yogurt, contribuía a incrementar
la longevidad de pobladores de Europa Central, quienes consumían grandes
cantidades de este producto y vivían muchos años. Pese a que Metchnikoff fue
un científico notable, quien obtuvo el Premio Nobel de Fisiología y Medicina
en 1908 por sus investigaciones en inmunología, esta afirmación fue muy
simplista y carente de fundamente científico, que no obstante contribuyó a
construir una imagen del yogurt y otras leches fermentadas como alimentos
<<saludables>> (García-Garibay, 1986); el mismo fue un gran
consumidor de yogurt y vivió sólo hasta los 71 años.
En
1930, un científico japonés de la Universidad de Kioto, Minoru Shirota, aisló
de heces humanas una cepa de Lactobacillus
casei, que posteriormente cultivó en leche originando una bebida con
características probióticas. Shirota atribuyó a este lactobacilo la capacidad
de promover la salud intestinal y prevenir enfermedades mediante su consumo
oral, y en 1935 desarrolló el Yakult, siendo este producto la primera leche
fermentada diseñada específicamente como probiótico. Junto con Metchnikoff,
Sirota fue uno de los pioneros en el estudio de probióticos, aunque las bases
científicas más sólidas de los verdaderos beneficios de estas bacterias lácticas
en la salud se han empezado a estudiar con mayor rigor científico en los últimos
años (desde mediados de la década de los 1980s), entre otros por el científico
holandés Jos J. H. Huis in´t Veld, quien por desgracia falleció en febrero
del 2000.
En
Rusia y la antigua URSS, se ha utilizado en algunos hospitales durante muchos años
al koumiss, leche fermentada típica de esa región producida con leche de
yegua, como terapia para enfermos de tuberculosis (Kosikowski, 1977; Koroleva,
1991). No existen reportes científicos confiables de que este producto pudiera
de alguna forma mejorar a estos pacientes, pero esto es parte de los mitos folklóricos
que rodean a las leches fermentadas como alimentos <<saludables>> o
<<terapéuticos>>, lo cual finalmente se relaciona con el concepto
probiótico.
La
aplicación terapéutica de los probióticos fuera del ámbito de las leches
fermentadas fue instituida en 1906 por Tissier, quien utilizó cepas de Bifidobacterium
bifidum aisladas tiempo atrás por él mismo (1899-1900) para aliviar a
infantes de diarrea (Kurmann y Rasic, 1991).
Las
bacterias que tienen la capacidad de implantarse en la flora intestinal como
algunas especies de bifidobacterias, Lactubacillus
casei o Lactobacillus acidophilus, son
las que pueden considerarse como las bacteris probióticas típicas, y las que más
interés han despertado. En la Tabla 2 se presenta una lista de las principales
especies de bacterias lácticas utilizadas como probióticos. El común
denominador de estas especies es que pertenecen al grupo denominado como
bacterias lácticas, que si bien es una denominación que carece de validez
taxonómica, describe a un grupo de bacterias gram positivas, no esporuladas,
productoras de ácido láctico como metabolito principal de su fermentación.
Este grupo de bacterias tienen gran importancia industrial y muchas de ellas están
ligadas a la fermentación de la leche y sus derivados. Las cepas que
particularmente se utilizan como probióticos, son cepas aisladas de heces
humanas, lo cual garantiza que tienen la capacidad de colonizar el tracto
intestinal del consumidor (Tannock, 1997).
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Principales especies de bacterias lácticas de origen humano utilizadas como probióticos |
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ESPECIE |
CEPAS COMERCIALMENTE IMPORTANTES |
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Bifidobacterium adolescentis |
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Bifidobacterium bifidum |
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Bifidobacterium breve |
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Bifidobacterium infantis |
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Bifidobacterium longum |
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Enterococcus faecium |
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Lactobacillus acidophilus |
LA I (L. johnsonii) |
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Lactobacillus casei subsp. |
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casei (L. paracasei) |
Shirota |
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Lactobacillus casei subsp. |
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Rhamnosus |
GG |
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Lactobacillus plantarum |
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Lactobacillus reuteri |
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Los
criterios fundamentales aplicados a probióticos con aplicación en humanos son:
Que sean bacterias de origen humano estables a la bilis y ácidos estomacales
(lo que implica que pasen por el tracto gastrointestinal manteniéndose
viables), capaces de adherirse a la mucosa intestinal, colonizar temporalmente
el tracto intestinal, producir substancias antimicrobianas y ser seguras para
las personas (Salminen, 1999). En años recientes se ha hecho evidente que
bacterias de los géneros Bifidobacterium
y Lactobacillus existen en grandes cantidades en el intestino, no sólo de
infantes, si no también de adultos humanos sanos, contribuyendo al bienestar
fisiológico del individuo (Salminen et al.,
1998a). Los beneficios específicos a la salud del huésped por estas bacterias
son descritos más adelante.
Una
parte fundamental de la funcionalidad de las bacterias probióticas es estimular
su sobre vivencia y permanencia prolongada en el tracto gastrointestinal; por
esa razón conjuntamente con el interés existente por los probióticos, también
se ha desarrollado un gran interés, acentuado sobre todo quizá en los últimos
cinco años, por los prebióticos, y por el uso conjunto de ambos componentes en
productos alimenticios, lo cual se ha definido como simbióticos.
Los
prebióticos son ingredientes no digeribles de los alimentos que estimulan el
desarrollo de bacterias como Bifidoacterium
y Lactobacillus en la flora colónica; los únicos compuestos prebióticos
conocidos que se encuentran en los
alimentos son oligosacáridos. Se conoce como simbiótico a un producto
alimenticio que contiene ingredientes prebióticos y probióticos (Crittenden y
Playne, 1996; Salminen et al., 1998b).
Existen
leches fermentadas en diferentes países a las cuales, además de la adición o
fermentación con las bacterias probióticas, también se les adicionan estos
oligosacáridos con características prebióticas (Gibson y Robertfroid, 1995;
Critteden y Playne, 1996; Voragen, 1998).
En
la literatura científica reciente se nota claramente un aumento en el interés
por desarrollar procesos de síntesis y/o producción de oligosacáridos con
características de prebióticos. Este interés tiene su contraparte industrial
donde se observa, particularmente en empresas europeas y japonesas, una gran
actividad en el desarrollo y mercadeo de alimentos,
sobretodo bebidas, como simbióticos. Los tipos de alimentos más comunmente
elaborados con estas características son bebidas lácteas, ya que las bacterias
lácticas utilizadas como probióticos crecen bien, y normalmente se relacionan
con leche; un ejemplo de simbiótico es el Yakult 80Ace, producido por Yakult en
Japón, pero existen muchos otros productos de este tipo en varios países. En
el campo de las fórmulas infantiles existen también combinaciones de prebióticos
como la lactulosa, con probióticos como B. Bifidum (Kurmann y Rasic, 1991).
Entre
los beneficios de los microorganismos probióticos sobre los cuales existen
evidencias científicas más sólidas se encuentran: disminución de incidencias
de infecciones gastrointestinales, y en ocasiones sistémicas, y disminución de
la temporalidad de diarreas ocasionadas por rotavirus,
por diversos mecanismos como competencia por los sitios de adhesión en
el intestino, producción de sustancias antimicrobianas que inhiben a las
bacterias que producen enfermedades, y por incremento de la respuesta inmune del
consumidor; reducción de la incidencia de cáncer de colon, principalmente por
la detoxificación de compuestos carcinogénicos presentes en la dieta; la síntesis
de algunos nutrimentos desde la flora colónica, como vitaminas y ácidos grasos
de cadena corta.
Algunos
otros beneficios para el huésped tienen evidencias menos sólidas, ya que sólo
se han podido demostrar en estudios in
vitro, o estudios poco contundentes en animales o en el ámbito epidemiológico,
aunque existen grupos de científicos tratando activamente de comprobarlos;
tales son los casos de la reducción de colesterol en sangre, la inhibición de Helicobacter
pylori, bacteria causante de la gastritis antral, la detoxificación de
pacientes con encefalopatía hepática y menor recurrencia de cáncer de vejiga,
entre otros (de Roos y Katan, 2000; Gilliland, 1998; Salminen et
al., 1998a.
El
yogurt es la leche fermentada que resulta del desarrollo de dos especies de
bacterias lácticas en forma simultánea. La fermentación se efectúa a una
temperatura entre 40 y 45°C, y de ahí resultan el sabor ácido y el aroma
característico del producto; el ácido producido por las bacterias lácticas
provoca también que la leche se coagule y por lo tanto que el yogurt adquiera
su firmeza típica. En México se elaboran tres tipos principales de yogurt:
firme, batido y líquido, cada uno de ellos en forma natural o de sabores. Se
elabora con leche más concentrada de lo normal para mejorar la firmeza del
producto y evitar la sinéresis (separación del líquido). La concentración de
la leche se hace por la adición de leche descremada en polvo u otros sólidos
de leche como caseinatos, o bien por evaporación de agua. La leche se concentra
normalmente desde 12.5%, hasta un contenido de sólidos totales de 15 a 18%.
Para
enmascarar el alto nivel de acidez del yogurt frecuentemente se le añaden
edulcolorantes, principalmente azúcar, aunque también son utilizados otros
como la miel, o para los yogures con bajo contenido energético, se utilizan
edulcolorantes no calóricos como la sacarina, el aspartamo, y otros.
Existen
en el mercado del mundo occidental una muy marcada preferencia por el yogurt
saborizado o con fruta sobre el natural. Los yogures de frutas se elaboran en México
con mermeladas, la cual puede añadirse en el fondo del envase para la elaboración
del yogurt tipo firme, o puede mezclarse con el producto para la elaboración
del yogurt tipo batido o líquido.
La
pasteurización de la leche tiene el propósito de eliminar microorganismos
indeseables de la leche, tanto patógenos como de descomposición. Las
condiciones que varían entre temperaturas de 70 a 90°C, durante 5 a 45 min. Un
calentamiento insuficiente puede resultar en un yogurt con cuerpo débil,
mientras que un sobrecalentamiento ocasiona un producto con textura granular,
fuerza de gel débil y tendencia a que se separe del suero.
Para
la fermentación la leche se lleva a una temperatura de 40-45°C y se inocula
con 2 a 5% de un cultivo compuesto de una mezcla con relación de uno a uno de Lactobacillus
delbrueckii subsp. bulgaricus y
Streptococcus thermophilus.
La
leche se incuba a esta temperatura de 3 a 6 horas, y el producto alcanza acidez
entre 0.8 y 1.4% de ácido láctico y un pH entre 3.7 y 4.6. La incubación se
efectúa en el envase de distribución en el caso del yogurt firme o semisólido,
y en tanques para el yogurt batido y líquido. En el primer caso la temperatura
de los envases se controla mediante baños con agua o gabinetes con aire con
temperatura controlada, por lotes o en túneles con bandas en procesos
semicontinuos. En el segundo caso la fermentación se efectúa a granel en
tanques provistos de paletas que deberán romper y agitar delicadamente el coágulo
al final de la fermentación. Finalmente el producto se enfría entre 5 y 7°C,
temperatura a la cual la fermentación se detiene y el producto de acidifica ya
muy poco.
Los
productos resultantes son: en el caso de la fermentación en el envase, un
yogurt de consistencia rígida, con la apariencia de un gel semisólido, que
puede tener colorantes y saborizantes añadidos antes de la fermentación, e
incluso fruta, la cual se adiciona en el fondo del envase también previo a la
formación del coagulo. En el caso del yogurt batido, llamado también tipo
suizo o continental, una vez roto y agitado el coágulo debe obtenerse un
producto de consistencia cremosa uniforme, la cual se puede añadir
saborizantes, colorantes y/o frutas (García-Garibay et al., 1993).
El
yogurt ha tenido desde hace muchos años una imagen de alimento
<<saludable>>, sin embargo, las especies bacterianas que
tradicionalmente se utilizan en su elaboración, no toleran el paso por el
tracto gastrointestinal y son incapaces de colonizar la mucosa intestinal, por
lo cual en principio no aportan la mayoría de los beneficios de las bacterias
probióticas. No obstante, se ha reportado que un consumo cotidiano de yogurt en
cantidades abundantes, tiene un efecto terapéutico contra Helicobacter
pylori. También se ha reportado una disminución en el contenido de
colesterol en sangre en consumidores habituales de yogurt, aunque este sigue
siendo un punto polémico ya que hay reportes contradictorios. Finalmente, también
se ha reportado que los cultivos de yogurt tienen la capacidad de inhibir el
crecimiento de algunos tumores en ratas y ratones (Gilliland, 1991). Existen
sugerencias de que éstos y otros efectos benéficos del yogurt pudieran estar
relacionados con un incremento de la respuesta inmune de los consumidores
(Meydani y Ha, 2000).
Por
otra parte, el hecho de que las bacterias lácticas del yogurt sean lisadas por
los jugos gástricos representa una ventaja interesante para este alimento. Por
la lisis celular, las bacterias vierten sus enzimas intracelulares, entre las
cuales se encuentra la b-galactosidasa o lactasa, la cual permite la hidrólisis
de la lactosa in vivo y consecuente absorción dentro del intestino delgado del
consumidor, evitando así el problema de intolerancia a la lactosa; por lo
tanto, el yogurt, a pesar de contener cantidades de lactosa tan altas o más que
la leche (ya que se elabora con leche concentrada), no produce problemas a las
personas intolerantes a este azúcar (Rosado, 1996).
El
yogurt es, particularmente en los países donde hay una gran demanda por los
probióticos, el principal vehículo para bacterias probióticas de las especies
Bifidobacterium sp. Y Lactobacillus
acidophilus, que si tienen la capacidad de sobre vivir al paso por el
aparato digestivo e implantarse en la mucosa intestinal (Tannock, 1997, 1999).
Este tipo de yogures, los cuales se elaboran con combinaciones de las cuatro
especies: S. thermophilus, L. delbrueckii subsp. bulgaricus,
Bifidobacterum sp. Y Lactobacillus
acidophilus, reciben en Europa el nombre de yogurt AB, y se han vuelto
sumamente populares en los últimos 10 años, tanto en su presentación sólida
como de yogurt para beber.
Existen
también yogures que contienen, además de las especies del yogurt, una sola de
las bacterias probióticas; un ejemplo es el Bioyogurt, producto de origen alemán,
o el ACO-yogurt de Suiza, que contienen L.
Acidophilus, y el Biogarde de Alemania y el Bifighurt del Reino Unido que
contienen B. bifidum. Un producto
similar a estos últimos fue puesto en el mercado mexicano por Nestlé durante
la década de los 1980´s con la marca Biovita.
La
leche fermentada que por consumo en México sigue en importancia es el Yakult,
la cual tuvo su origen en Japón hace más de 60 años. Aunque el nombre Yakult
es una marca registrada propiedad de la empresa Yakult Honsha de Japón, el
nombre se utiliza en forma general en la literatura técnica y en libros de
texto especializados en todo el mundo, ya que este producto no tiene un nombre
genérico. Adicionalmente, y debido al gran éxito que ha tenido el producto en
varios países, inclusive en México, existen varias marcas comerciales de
productos similares o imitaciones del Yakult. En México, este tipo de productos
ha encontrado gran demanda, lo cual ha permitido que de Yakult se consuman
diariamente 1.5 millones de frascos (equivalentes a 120 mil litros).
Existen
al menos otras cuatro marcas de leches fermentadas tipo Yakult; sus nombres
comerciales son Chamyto de Nestlé, Yulin, Kultai y Bonacult. Estos productos
tienen como objetivo fundamental servir como probióticos, ya que en todos los
casos se elaboran con bacterias que sobreviven al paso por el tracto
gastrointestinal y son capaces de implantarse en la mucosa intestinal. La Tabla
3 muestra las especies de bacterias utilizadas en estos productos. El caso de
Kultai, es singular dentro de este grupo de alimentos, ya que se elabora con una
mezcla de cultivos igual a la utilizada en los yogures AB, aunque en este caso
la bebida no se considera como yogurt por su bajo contenido de sólidos de
leche.
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Bacterias utilizadas en leches fermentadas tipo Yakult utilizadas con probióticos |
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PRODUCTO (Marca) |
ESPECIE(S)1 |
CEPA2 |
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Yakult |
Lactobacillus casei subsp. casei |
Shirota |
|
Chamyto (Nestlé) |
Lactobacillus acidophilus |
LA I (L. Johnson) |
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Kultai |
Streptococcus thermophilus Lactobacillus delbruekii subsp. bulgaricus Lactobacillus acidophilus Bifidobacterium bifidum |
* |
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Bonacult (Prolesa) |
Lactobacillus casei subsp. rhamnosus |
* |
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Yulin |
Lactobacillus plantarum |
* |
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1 Las especies fueron aisladas y determinada su identidad en el laboratorio del autor con el sistema API 50 CHL. 2 La información sobre las cepas está disponible por los fabricantes. * No hay información disponible sobre la cepa utilizada. |
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Yakult
empezó a fabricarse en Japón en 1935, y en la actualidad se fabrica en muchos
otros países de Asia, Europa y América. Su consumo obedece fundamentalmente a
que se le atribuyen propiedades benéficas para la salud, por sus características
de probiótico, además de que tiene un sabor agradable, particularmente
atractivo para los niños.
El
Yakult, y en general los productos similares mencionados, se elabora a partir de
leche descremada diluida, fermentada con Lactobacillus
casei subsp. casei cepa Shirota, o
en el caso de los productos con las cepas correspondientes mencionadas en la
Tabla 3. Se elabora a partir de leche descremada, fermentada a 37°C durante 4 días
y se obtiene una acidez de 2.7% de ácido láctico; después se le agrega azúcar
y saborizantes, lo cual junto con los aromas de la fermentación le confieren un
sabor muy agradable.
En
Japón se elaboran productos con las mismas características pero adicionados
con sabores de frutas, y productos con un alto contenido de sólidos de leche,
que una vez fermentados con la misma bacteria adquieren una consistencia similar
a la del Yogurt. Las marcas Yulin y Kultai elaboran en México productos con
sabores (García-Garibay et al., 1993).
En
México, el Yakult y Chamyto y los productos semejantes son las únicas leches
fermentadas que tienen bacterias probióticas. En otros países existen gran
cantidad de marcas de yogurt, yogures líquidos y productos similares a los que
se les adicionan bacterias probióticas, buscando así extender los beneficios
de salud a estas leches fermentadas.
El
jocoque o <<buttermilk>> es un producto de alto consumo en el sur de
los EUA y algunos países, y se produce industrialmente también e México,
donde, de acuerdo a nuestra legislación recibe el nombre de jocoque, y bajo
esta denominación se elabora comercialmente, aunque su consumo es reducido.
La
forma tradicional para obtenerlo, es como subproducto de la elaboración de la
mantequilla a partir de crema fermentada; el suero de mantequilla que se separa
durante el batido de la crema tiene un sabor y aroma característicos derivados
de la acidez y otros compuestos producidos por las bacterias participantes en la
fermentación de la crema. Debido a la demanda y la necesidad de obtener un
producto de características uniformes, el jocoque se obtiene comercialmente en
la actualidad a partir de leche pasteurizada, descremada o parcialmente
descremada, y fermentada con las bacterias lácticas que confieren el sabor
tradicional del suero de mantequilla.
La
leche que se utiliza tiene normalmente un contenido de sólidos no grasos de
leche de 9 a 10% (mínimo 8.5%), y un máximo de grasa de 0.5%; se pasteuriza a
82-87°C durante 30-45 min, se enfría a 21-24°C, se inocula con un volumen de
0.5-1% de un cultivo de la especie Lactococcus
lactis subsp. lactis o L. Lactis subsp. cremoris,
y se enfrenta a esa temperatura durante 14-16 h.
Al
finalizar la fermentación se acostumbra romper mecánicamente el suave coágulo
para obtener un producto viscoso pero fluido que pueda ser bebido. La acidez
alcanzada por el producto debe ser entre 0.7 y 0.9% de ácido láctico (pH
alrededor de 4.5). Se acostumbra adicionar 0.1-0.2% de sal, normalmente después
de la fermentación. Con objeto de simular el producto tradicional, en ocasiones
se adicionan gránulos u hojuelas de grasa butírica. Existen productos basados
en jocoque con sabores de frutas, sin embargo, éstos han tenido un mercado
limitado en los Estados Unidos de América aunque han encontrado mayor aceptación
en algunos países europeos; en México no existen jocoques con sabores (García-Garibay
et al., 1993).
Las
bacterias utilizadas en la elaboración de jocoque prácticamente no han sido
estudiadas en cuanto a su potencial como probióticos, y no hay evidencias de
que puedan implementarse en la mucosa intestinal, y por lo tanto no hay mucha
información al respecto, con excepción de algunos estudios que sugieren que
cepas de estas especies productoras de polisacáridos extracelulares podrían
tener efecto en la disminución de incidencia de cáncer colorectal. Los
argumentos se basan en fundamentalmente en estudios epidemiológicos en
Finlandia y países escandinavos, donde se consume una gran cantidad de leches
tipo jocoque llamadas <<villi>>, <<laangfil>>, etc. Que
se producen con cepas de Lactococcus
lactis subsp. Cremoris productoras de exopolisacáridos (Kitazawa et
al., 1998).
Como
en el caso del yogur, jocoque se utilizan en ocasiones como vehículo de
bacterias probióticas, como por ejemplo Lactobacillus
acidophilus, la cual se adiciona además de la bacteria característica.
En
varios países del Oriente y Medio Oriente son muy populares los productos
concentrados elaborados a partir de leches fermentadas tipo yogurt, como el
labneh, labne o lebneh, muy popular en países árabes, y que en México suele
conocerse como jocoque árabe.. Tradicionalmente se elaboran a partir de leche
de vaca, cabra o borrega, la cual se fermenta para obtener el yogurt, y
finamente se concentra eliminando una buena parte de líquido por filtración a
través de una tela. En México se produce labne principalmente en el ámbito
casero por la comunidad libanesa, y también existe producción industrial a
pequeña escala. Su consumo es muy popular en Yucatán. En ocasiones se mezcla
con aceite de oliva u otros ingredientes, y se consume untado en pan (García
Garibay et al., 1993).
Dado que este producto se elabora con las mismas bacterias del yogurt, sus beneficios a la salud son los mismos descritos para ese producto.
El
nombre de búlgaros se da en nuestro país a una leche que se elabora en casa y
con una arraigada tradición que data de por lo menos el siglo XIX. El origen de
los búlgaros es muy probablemente una leche fermentada tradicional de Europa
del Este llamada kefir. Este producto resulta de la fermentación de leche con
una mezcla my singular de bacterias lácticas y levaduras de distintas especies;
se trata de una mezcla en perfecta armonía biológica de microorganismos
atrapados en una goma, lo cual forma masas del tamaño de granos de arroz o más
grandes que reciben el nombre de granos de kefir o búlgaros.
La
goma, llamada kefirano, es producida por algunas de las bacterias lácticas, y
va atrapando al total de la población microbiana que se multiplica en la
fermentación. Debido a la presencia de bacterias lácticas y levaduras, en esta
leche se produce tanto acidez como cantidades moderadas de alcohol y gas (bióxido
de carbono), y aromas de mantequilla, yogurt y otros que le dan su sabor
característico. El inóculo utilizado en la elaboración de kefir o búlgaros
permite su reutilización retirándolo por filtración de la leche fermentada
para volver a usarlo en el siguiente lote. El origen de estos granos se
desconoce; intentos por producirlos a partir de los diferentes microorganismos
aislados que los forman han sido infructuosos.
En
algunos países la elaboración de kefir se hace industrialmente, e incluso
existen algunos productos basados en kefir con sabores a frutas. Para la
elaboración del kefir se parte de leche de vaca, entera o descremada, o de
cabra o borrega, e incluso se puede elaborar con mezclas de leche y suero de
leche. Se pasteuriza a entre 85 y 95°C durante 5 a 30 min; la incubación se
hace con los granos de kefir a entre 22 y 25°C durante 12 a 16 h, después de
las cuales los granos se separan y la leche se madura a 10°C durante 1 a 3 días.
El producto tiene una acidez entre 0.7 y 1.0% de ácido láctico y un contenido
de alcohol de 1%; contiene además diacetilo, acetaldehído y acetoína, los
cuales son muy importantes para otorgar su sabor característico (García-Garibay
et al., 1993).
En
algunas comunidades de Europa del Este se le atribuyen al kefir efectos benéficos
para la salud, sin embargo, no se han realizado estudios científicos
suficientemente sólidos al respecto, por lo cual estas creencias no tienen un
adecuado sustento. Algunas investigaciones administrando el kefirano oralmente o
en inyecciones intraperitoneales, han mostrado que este polisacárido inhibe el
desarrollo de algunos tumores (Koroleva, 1991).
A
principios del Siglo XX surgió entre algunos científicos interés por la
relación entre leches fermentadas y los beneficios a la salud, originando más
hipótesis que un avance científico real en este tema. No obstante, hacia
finales del siglo resurgió un gran interés sobre este tópico, sentándose
bases científicas más sólidas sobre lo que se conoce actualmente como probióticos.
Estudios
más cuidadosos y a la luz de los avances más modernos en microbiología, bioquímica,
biología molecular, y múltiples ramas de la medicina y a fisiología, han
permitido sustentar un entendimiento más claro sobre los beneficios de las
bacterias lácticas capaces de colonizar la mucosa intestinal. Mientras que
algunos beneficios están claramente demostrados, existen todavía muchas dudas
sobre algunos otros.
También existen interrogantes sobre posibles beneficios de bacterias lácticas utilizadas en la producción de leches fermentadas pero que no tienen la capacidad de implantarse en la flora colónica; estas bacterias, al igual que los probióticos, producen enzimas y substancias antimicrobianas como el ácido láctico y las bacteriocinas, además de nutrimentos como algunas vitaminas, que muy probablemente puedan ejercer algunos efectos benéficos sobre los consumidores, pero no están del todo claro a la luz de los conocimientos actuales. Ciertamente, los próximos años serán tiempos de intensos estudios sobre los probióticos y las leches fermentadas por numerosos científicos en muchos países, catalizado por el gran interés de empresas y consumidores, lo cual permitirá aclarar muchas de las dudas actuales y tener una visión clara de los beneficios de estos productos.
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