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Archivos de Investigación Pediátrica de México Suplemento Especial: Los Probióticos en la nutrición CONFEDERACION NACIONAL DE PEDIATRÍA DE MÉXICO |
Dr.
Edgar M. Vázquez Garibay
Director
del Instituto de Nutrición Humana
Nuevo
Hospital Civil “Dr. Juan J. Menchaca”
Guadalajara,
Jal.
Es
conocido que una función primordial del tracto digestivo es proteger al
organismo de bacterias patógenas y sustancias potencialmente dañinas que se
ingirieron en los alimentos o son producidos durante el proceso digestivo.
Normalmente
el tracto digestivo cuenta con mecanismos inherentes al propio organismo con el
propósito de proteger al ser humano contra las infecciones. Sin embargo,
existen otros factores que podrían considerarse << extrínsecos >>
como son los microorganismos que comúnmente viven en simbiosis con los seres
humanos que las hospedan (Fuller, 1991).
Entre
los principales probióticos conocidos se incluyen los siguientes:
·
Lactobacillus.
·
Lactococcus
·
Bifidoacterum
Bifidum.
·
Saccharomyces
boulardi.
·
Streptococcus
termophilus.
·
Leuconostoc.
Además,
existen otros probióticos que se adicionan comúnmente a los alimentos entre
los que destacan: Lactobacillus genus
y muchas bacterias de Bifidobacterum (Reuter, 1997).
Particularmente
las bifidobacterias tienen una serie de funciones protectoras
como son ( Langhendries, 1995; Fuller, 1997):
·
Fermentar los
oligosacáridos produciendo ácidos grasos de cadena corta.
·
Favorecer la síntesis
de vitaminas del complejo B y aminoácidos.
·
Restaurar la
flora intestinal durante la antibioterapia.
·
Prevenir la
proliferación de bacterias patógenas.
Debido
a estas funciones, se ha considerado que los probióticos tienen efectos clínicos
potenciales en el ser humano, destacando los siguientes (Saavedra, 1994; Hove,
1999):
·
Equilibrio de
la microflora intestinal.
·
Tratamiento de
la diarrea aguda.
·
Prevención de
la diarrea por antibióticos.
·
Reducción en
la duración de diarrea.
·
Efecto
preventivo en la diarrea por rotavirus.
·
Tratamiento del
estreñimiento.
Existen
otros efectos clínicos potenciales extraintestinales que aún requieren de
estudios epidemiológicos en humanos cuidadosamente diseñados como son
(Isolauri, 1999; Dugas, 1999):
·
Disminución en
la incidencia de otitis media.
·
Como adyuvante
de las vacunas.
·
Estimulante de
la respuesta inmune.
En
la actualidad se ha reconocido que los probióticos tienen los siguientes
efectos benéficos (Gibson, 1995):
·
Inhiben el
crecimiento de enteropatógenos (Clostridium
difficile y especies de salmonella).
·
Reducen la
incidencia de diarrea.
·
Favorecen la
digestión de lactosa.
·
Facilitan la síntesis
de vitaminas como: B1, B2, B6, B12 K y Niacina.
A
la pregunta ¿cuáles son los mecanismos que explicarían el efecto benéfico de
los probióticos en el organismo? Se han considerado las siguientes teorías:
Teoría A.
Los probióticos inhiben la producción de enteropatógenos al disminuir el pH
del tracto gastrointestinal a través de la fermentación de fructooligosacáridos
(prebióticos) y la producción de ácidos grasos de cadena corta (Delzenne,
1994).
Teoría B.
Se ha propuesto que los probióticos inhiben el crecimiento de bacterias
enteropatogénicas al producir sustancias antimicrobianas llamadas
bacteriocidinas. Por ejemplo, los lactobacilos inhiben el crecimiento de Escherichia,
Salmonella, Shigella, Pseudomonas, Clostridium y Staphilococcus (Axelson,
1998).
Teoría C.
También se cree que los probióticos compiten con las bacterias enteropatógenas
por los receptores de la capa epitelial del tracto gastrointestinal. Muchas
bacterias requieren adherirse al tracto gastrointestinal para colonizarlo y
producir enfermedad (Saavedra, 1995).
Así,
los probióticos compiten por los sitios de adhesión de las células
epiteliales para reducir la capacidad de las bacterias enteropatógenas para
colonizar y lesionar la mucosa intestinal.
Teoría D.
Los probióticos compiten con las bacterias enteropatógenas para la obtención
de nutrimentos. La disponibilidad de nutrimentos limita la cantidad de
enterobacterias al número que sea capaz de sostener (Fuller, 1997).
A
la fecha hay una gran cantidad de estudios con diferentes diseños de
investigación con el propósito de demostrar el efecto benéfico de los probióticos
en el epitelio intestinal.
Por
ejemplo, estudios de cohore han demostrado que durante las primeras 18 semanas
de vida postnatal, los lactantes alimentados con leche humana tienen un aumento
significativo de bifidobacterias,
así como una menor gravedad en los episodios de diarrea, que lactantes
alimentados con fórmulas lácteas sin probióticos (Duffy, 1986).
También
se ha demostrado que en niños de 5 a 28 meses, la duración de diarrea por
rotavirus disminuye significativamente cuando el niño recibe lactobacilos por vía
oral durante un tratamiento de cinco días (Cummings, 1997).
Otro
estudio demostró que sujetos infectados por salmonella
acortaron su período de portador asintomático cuando recibieron una ración de
leche con L. Acidophilus (Alm, 1983).
Incluso
se han reportado estudios en donde se demuestran un efecto benéfico en la
incidencia de diarrea producida por antibióticos asociada a Clostridium
difficile o bien, en la incidencia de diarrea recurrente por este germen
(Fuller, 1991; Elmer 1996).
Aunque
es necesario acumular más evidencias clínicas sobre el efecto benéfico de los
probióticos en pediatría, considerando la práctica de ausencia de efectos
deletéreos con su utilización en individuos que no padezcan inmunosupresión,
pareciera recomendable adicionarlos a las fórmulas de alimentación diseñadas
para lactantes quienes no reciban el privilegio de la lactancia materna.
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